Antojos de comidas, ¿por qué los tenemos?

Nuestro cuerpo es sabio y cada vez que le falta algo nos manda señales, que a veces confundimos con antojos. Falta de energía, de algún nutriente y hasta de sueño… Muchas cosas nos pasan a diario y el organismo necesita alimentos específicos para sobrellevar estas carencias.

 

Las razones

La naturópata y directora técnica de Bow Spa Paulina Vargas explica que cada cuerpo es particular y único, pero hay ciertas constantes en las posibles causas de antojos que son parte de una serie de procesos biológicos y/o sicológicos o emocionales. Acá algunas:

 

-Adicciones que producen ciertos ingredientes como el azúcar, las harinas y las carnes.

– Falta de energía por malos procesos digestivos.

-Señal hormonal en etapas como el embarazo.

-Deshidratación, irritación estomacal y del sistema nervioso.

– Falta de masticación y calma al comer.

– Exceso de preocupación por los alimentos.

– Costumbres.

 

Por ejemplo, si tu cuerpo pide:

Chocolate: Puede indicar falta de magnesio, un mineral que brinda energía y dilata los vasos sanguíneos para una mejor circulación ya que este alimento produce endorfinas, hormonas que incrementan la felicidad y la relajación. Hay que tratar de comer chocolate negro sin azúcar y sin leche o fuentes alternativas de magnesio como frutos secos, semillas, legumbres, plátanos o paltas.

Pan: Significa que podrían faltar aminoácidos, que son compuestos orgánicos para formar proteínas. Pero se recomienda evitar el pan y, a cambio, comer frutos secos, quínoa, pescado y huevos.

Café: Quiere decir que el cuerpo está pidiendo energía. Pero es mejor entregar energía con té verde, algún licuado de frutas, o tomar energizantes naturales como jalea real y spirulina.

Azúcar: Cuando el cuerpo pide glucosa necesita energía. Muchas veces nuestro cuerpo, al estar carente de procesos digestivos sanos, pide reiteradamente energía, ya que no la logramos extraer en forma eficiente, ya sea por mala elección o por una combinación inapropiada de alimentos; el problema es que esto se convierte en un círculo vicioso. En vez de galletas, golosinas o algún pedazo de torta, comer fruta, miel, dátiles o repostería con ingredientes saludables.

Frituras: Podría ser que el cuerpo necesite grasa, pero saludables. Evitar la fritura y comer grasas buenas: palta, semillas, preparaciones con aceite de coco, ghee, entre otros.

Alcohol: El cuerpo puede que necesite minerales e ingredientes que relajen y calmen.

 

Hidratarse

La experta en alimentación y coach saludable Pili Caviedes explica que estar deshidratados promueve antojos de azúcar. Cuando se está deshidratado el cuerpo consumirá glucógeno a mayor velocidad, por lo que al final del día, luego de movernos, caminar, realizar actividades diarias y más aún si se entrenó, llegará el antojo de azúcar. Por esto es sumamente importante mantenerse hidratado durante el día.

Consejo: al percibir algún antojo intenso, tomar un vaso de agua ayudará a detectar si el antojo era una señal de falta de agua, ya que tenemos el mismo receptor para la sed y el hambre.

 

Falta de sueño

La falta de sueño, explica Pili Caviedes, activa una señal que aumenta el placer y la satisfacción que provoca comer. Tener una noche de ‘carrete’, dormir a saltos o pocas horas hacen que uno quiera y ‘necesite’ comer comida con más grasa. Por eso existe el clásico bajón de comida chatarra y papas fritas.

 

Cambios hormonales

Hay una teoría que plantea que los enlaces de aminoácidos ‘péptidos opioides endógenos’ (endorfinas) siempre están presentes en el cuerpo, pero durante la menstruación y embarazo estas endorfinas están más activas y son ellas las que producen ganas de comer ciertos alimentos. Los más comunes durante la menstruación son las papas fritas o chocolates (grasas y dulces). También bajan los niveles de magnesio y por esto hay más antojo hacia alimentos altos en este mineral.

 

Cuidado con el azúcar

Cuando se tienen antojos exclusivos de algo dulce, a veces puede ser por falta de cromo, ya que el cromo participa en el metabolismo de la insulina. Pili Caviedes explica que cuando se consume azúcar refinada o hidratos de carbono simples (todo lo blanco, empaquetado o procesado), los niveles de azúcar en la sangre se disparan y el páncreas segrega altos niveles de insulina. Esto se traduce en un exceso de energía a corto plazo, que aunque nos hace sentir bien, termina almacenado como grasa. Al poco tiempo los niveles de azúcar caen, lo que provoca un bajón, cansancio, ansiedad y mucha hambre, especialmente antojo de comer azúcar e hidratos de carbono.

Importante: cuantos más azúcares, dulces y endulzantes se coman, más sabor dulce se querrá.