Las mujeres entran de lleno a la política en EEUU

Una piloto de la Marina, una joven ‘millennial’ que diseña páginas web o una premiada escritora: un récord de mujeres estadounidenses se lanzan a la política, indignadas con Donald Trump y la desigualdad crónica en cargos electos.

Las mujeres, que constituyen solo un 20% del Congreso, serán un motor de cambio en las elecciones de medio mandato de noviembre, en las que los demócratas buscan poner fin a la mayoría republicana y asestar un golpe al presidente que detestan.

“Nunca he visto nada como esto”, dice Patti Russo, directora ejecutiva de la Escuela de Campaña de las Mujeres en la Universidad de Yale, que entrena a mujeres para disputar cargos políticos desde hace un cuarto de siglo. “Es excitante”.

Desde la sorpresiva victoria de Trump en noviembre de 2016 a la marcha de las mujeres en Washington en enero de 2017, del escándalo de denuncias por acoso sexual #MeToo a las elecciones estatales del año pasado y el discurso sobre el estado de la Unión de Trump en enero de este año, su teléfono no para de sonar.

El Centro para la Política y las Mujeres estadounidenses de la Universidad de Rutgers estima que el doble de mujeres son candidatas al Congreso en 2018 en relación a 2016: 437 a la Cámara de Representantes y 51 al Senado. La mayoría son demócratas.

Están indignadas de que un hombre sin experiencia política y que se jactó de toquetear a mujeres llegase a la Casa Blanca. Están enojadas por la derrota de Hillary Clinton, presentada a menudo como la candidata más calificada en la historia.

Las mujeres, sobre todo las demócratas, sienten que los derechos femeninos están bajo ataque, y están abandonando los estereotipos para enfrentar activamente las políticas de Trump en salud pública, control de armas de fuego o medio ambiente.

“En shock”

Emily’s List, un comité que trabaja para elegir a mujeres demócratas a favor del aborto, dice que más de 30.000 mujeres las han contactado, interesadas en disputar cargos desde la elección de Trump.

Hace una generación, las mujeres que contemplaban entrar en política rondaban los 40 años. Hoy la edad promedio son los 30.

Lindsay Brown, una diseñadora de páginas web de 29 años puede ir en contra de la tendencia porque es republicana, pero en otros aspectos personifica el clima actual al disputar como feminista el quinto mandato consecutivo del representante Leonard Lance en su distrito “acomodado, blanco” de Nueva Jersey.

“Mi madre estaba en shock”, dice Brown. “Pero está tan orgullosa”.

Con un puñado de voluntarios sin salario, sin jefe de campaña y 3,300 dólares en donaciones, aún precisa juntar 200 firmas para registrar su candidatura para las primarias republicanas de abril. Hasta ahora solo tiene 20.

Si lo consigue, será la persona más joven jamás electa al Congreso. Si no lo logra, volverá a presentarse otra vez. “Estoy demasiado metida en esto ahora, no hay manera de volver a tener una vida normal”.

Más fuerza tiene la candidata demócrata y pilota jubilada de la Marina Mikie Sherrill, de otro distrito de Nueva Jersey, que ha recaudado 42.000 dólares en línea solo este mes.

 

No representados

“Los ‘millennials’ son el mayor bloque de votantes ahora y no estamos representados en la mayoría de los niveles del gobierno”, dice Brown a la AFP en su casa de Clark, Nueva Jersey, rodeada de sus dos perros rescatados de un refugio y tres gatos.

Lindsay Brown

Casi 80 mujeres disputarán el cargo de gobernador de un estado este año, superando por lejos el anterior récord de 34 en 1994. Solo seis de los actuales 50 gobernadores son mujeres.

En Georgia, Stacey Abrams, una empresaria, abogada y autora de ocho novelas de suspenso, espera romper el techo de vidrio para mujeres negras si es electa gobernadora de Georgia.

Pero no todas las mujeres comprometidas recientemente en la política buscan un cargo: Las votantes negras fueron esenciales para obtener triunfos electorales en Alabama y Virginia.

Las mujeres también trabajan intensamente en la recolección de fondos. “Es literalmente la única cosa sobre la cual podemos hablar, ver cómo podemos exprimir cada dólar”, dice la exmodelo Carin van der Donk, madre de dos niños, en un café de Nueva York.

Antes pensaba que hablar de dinero no era bien visto en su círculo social. Pero cuando Trump ganó, entró “en huelga de hambre por 10 días” y ahora cuatro noches por semana tiene mitines políticos.

“Como mujeres no hemos sido lo suficientemente enérgicas. Precisamos empujar y hacernos camino hasta el frente para que ocurran cosas”.

Por Jennie MATTHEW

AFP