Roger Federer el campeón que siempre busca mejorar

Federer, de aquel fatídico 2013 con lesiones, derrotas y rumores de retiro a la decisión que cambió su vida deportiva

En junio de 2013 el suizo cayó eliminado en segunda ronda de Wimbledon y muchos entendieron que era el final de su carrera e incluso él anticipaba que evaluaría su futuro. En diciembre de ese año, sin embargo, decidió darse una última oportunidad y llamó a Stefan Edberg, el ex tenista al que había admirado, para cambiar física, deportiva y mentalmente.

Se especulaba por entonces con los últimos años de actividad de Roger Federer. Se lo trataba como lo que ya era, una leyenda, pero con cierta conmiseración porque el final, parecía, estaba cerca y encima Novak Djokovic arrasaba con todo lo que se le ponía enfrente, era la renovación. No había forma, se afirmaba con gran porcentaje de convencimiento, de volver a ver a Su Majestad como lo que supo ser.

En aquel 2013, a sus 32 años, comenzaron sus problemas físicos, puntualmente una lesión en la espalda que decidió no atender y que luego llegaría a padecer (tiempo después reconocería que “fue un error haber jugado lesionado. Viéndolo en perspectiva, me doy cuenta que me equivoqué”), y la consecuencia fue clara en las estadísticas: de los 18 torneos que jugó ese año, apenas ganó el ATP de Halle.

En diciembre de 2013 despidió a Paul Annacone, su histórico entrenador, y anunció de manera oficial que trabajaría con Stefan Edberg, el hombre que había sido su referencia tenística pero también moral durante su crecimiento y formación deportiva. “Edberg es mi modelo de vida. Es todo un caballero”, había dicho en una entrevista.

Y esta relación sería determinante en el Federer que hoy vemos, el inagotable y cada vez más talentoso, el de los 20 títulos de Grand Slam. Bajo la tutela del ex tenista sueco y de Luthi (ex capitán del equipo suizo de Copa Davis), el helvético aceptó lo impensado: cambió su histórica raqueta Wilson por otra con 1 pulgada más de marco (2,54 cm). En su círculo más íntimo nadie podía creerlo a sabiendas de que podrían sugerirle cualquier cosa menos el cambio de su herramienta, de la que era extremadamente celoso. Pero Roger sentía que había perdido la sintonía de su tenis. Que debía reinventarse, cambiar para mejorar.

Federer guardó entonces su histórica Wilson Pro Staff de 90 pulgadas con la que había ganado 76 títulos en 12 años. “Él dijo que estaba listo para probar una nueva raqueta. Al principio un par de nuestros chicos se reunieron con él en Suiza. Le llevamos un montón de opciones diferentes de nuestra línea. En ese momento, no teníamos nada específico para él. Al final le gustó una, y jugó un par de torneos en cancha de arcilla con una raqueta negra que intrigó mucho a la gente de la industria Con eso, Roger buscaba potencia y solidez extra para su juego defensivo y la transición al ataque”, explicó John Lyons, director global de la marca.

“Federer probó entre 20 y 25 raquetas diferentes desde entonces, algunas por solo cinco minutos, que con sus modificaciones, algunas imperceptibles, llegaron a ser 250″, hasta que eligió aquella con la que compite hasta hoy y que le permitió perfeccionar su revés a una mano, su saque y sus avances hacia la red: la Pro Staff Wilson RF97 Autograph con la que aumentó su fuerza, estabilidad y la potencia, conceptos trabajados con Edberg, de quien se separó laboralmente en 2016, cuando consideró que ya había logrado su objetivo de volver a ser.

En diciembre de 2015 anunció que comenzaría a trabajar con el ex tenista croata Ivan Ljubicic, quien terminó de reforzar la reinvención del mejor de la historia a partir de la agresividad en su revés.

Federer pasó de ejecutarlo con slice, a definitivamente transformarlo en un golpe ganador. De defensivo a ofensivo. De pasivo a completamente agresivo, casi como aquel que el croata mostraba en la pista. Además diagramó su calendario de manera de jugar únicamente los mejores torneos o aquellos en los que tuviera que defender muchos puntos. Perfeccionamiento de su punto débil en el juego, diagramación puntillosa de su calendario y reducción del desgaste físico al mínimo fueron los tres puntales de su recuperación.

Las consecuencias son ampliamente conocidas: Roger, que entre 2012 y 2016 no logró ganar un sólo título de Grand Slam, dejando su marca en 17, volvió a la escena principal cuando menos se lo esperaba con ocho títulos en dos años, entre ellos dos Abiertos de Australia (2017 y el recientemente conquistar ayer) y Wimbledon 2017, llevando hasta 20 la marca de Majors.

No sólo lo que hizo Federer hizo que esté peleando por el número 1 nuevamente, las lesiones o el bajo nivel de los demás top ten y con quienes venía perdiendo, lo ayudo para que vuelva a ganar torneos ATP. Hay que esperar y ver que pasará cuando Murray, Djokovic, Wawrincka o el propio Nadal, estén bien fisicamente, para darle pelea a Federer, pero al menos él hizo su parte. Con trabajo, dedicación e inteligencia, tiene la humildad de buscar mejorar, pedir consejos a otros y probar métodos nuevos, para una vez más reinventar su juego y volver a la cúspide mundial. Posiblemente sea el tenista más completo de la historia con un tenis perfecto, máximo ganador de Grand Slams y con más semanas en el número 1 del ranking.