El mes de las catástrofes para México, EEUU y el Caribe

Huracanes y terremotos provocaron muerte, destrozos y desolación en diferentes países del Caribe. Incluso en EEUU, donde los ciclones Harvey e Irma dejaron más de 100 fallecidos.

Todos los años esta región del planeta vive su temporada de huracanes, pero este año los daños fueron mayores y se sumaron terremotos.

El mes de septiembre comenzó con los estragos que dejó el huracán Harvey en Texas, Estados Unidos, a fines de agosto. Fue el fenómeno más fuerte que golpeó al país en la última década. Pero la naturaleza todavía seguía siendo una amenaza para el Caribe y EEUU.

El 30 de agosto se desarrolló el huracán Irma en Cabo Verde. Rápidamente se intensificó y cuatro días más tarde alcanzó la categoría 5 con vientos superiores a los 290 kilómetros. En su devastador paso por el Caribe golpeó a islas como Antigua y Barbuda, Bahamas, Cuba, Haití, Puerto Rico, San Bartolomé, San Martín, las Islas Vírgenes y a República Dominicana. El 10 de este mes, tal como lo había anticipado el Centro Nacional  de Huracanes de Estados Unidos, Irma tocó tierra en la Florida.

Además de los graves destrozos que dejó en lugares como Barbuda o las Islas Vírgenes, el huracán causó más de 30 muertos en el Caribe y al menos 58 en suelo norteamericano (el último reporte fue difundido este lunes 18 de septiembre).

Con los más de 40 muertos que dejó Harvey, Estados Unidos en menos de un mes registró más de 100 fallecidos por los dos huracanes.

Por su parte, también a inicios del mes, se produjo entre Bermudas y las Bahamas el ciclón tropical llamado José. Días más tarde alcanzó la categoría de huracán y llegó a tocar tierra en algunas zonas afectadas por Irma como las Antillas o Barbuda, aunque con menos impacto.

En este mes de huracanes y terremotos también estuvo Katia, que se originó en el golfo de México. Allí provocó dos muertos y mantuvo en alerta la costa de Veracruz, el vecino Tamaulipas y otros distritos del centro y este del país.

En las últimas horas fortaleció en su avance el huracán María, que ya golpeó a Dominica y Guadalupe, donde se registraron al menos un muerto y dos desaparecidos. El ciclón, de categoría 5, amenaza con golpear fuerte a Puerto Rico este miércoles.

El pánico y el drama se volvió a apoderar de México. Justo 32 años después del recordado terremoto registrado el 19 de septiembre de 1985 que dejó más de 30.000 muertos. Este lunes el país fue víctima, una vez más, de un feroz fenómeno de la naturaleza. En menos de un mes fueron tres los sismos que golpearon a millones de mexicanos, así como dos huracanes (Katia y Max) y una tormenta tropical (Lidia).

El pasado jueves 7 de septiembre, a las 23.49, hora local, se produjo un movimiento telúrico de magnitud 8,2 en el sur del país. Fue el terremoto más potente del último siglo. Incluso más fuerte que el de 1985, que fue de 8,1 en la escala Ritcher.

Chiapas y Oaxaca fueron los estados más afectados. El desastre natural dejó más de 100 muertos y cerca de mil heridos. Tras el temblor, se produjeron 266 réplicas; la más fuerte fue de 6 grados.

Además, hubo más de un millón y medio de personas sin electricidad. “Fue el sismo más fuerte registrado en nuestro país en los últimos 100 años”, declaró el presidente Enrique Peña Nieto, quien estimó que “más de 50 millones de mexicanos sintieron el terremoto”.

El Servicio Sismológico Nacional (SSN) reportó que el fenómeno se localizó en las cercanías de Pijijiapan, en el estado de Chiapas. En Chiapas y Oaxaca se registraron el colapso de numerosas edificaciones, entre ellas varios hoteles y edificios públicos, los cuales no estaban casi ocupados por el horario no laboral en que se produjo el sismo.

El pasado sábado 16, en tanto, el miedo reapareció. Un sismo de magnitud 5,5 sacudió nuevamente el sur del país, con epicentro cerca de Salina Cruz, en Oaxaca.

Este martes 19 de septiembre se cumplieron 32 años del devastador terremoto de 1985. Por ese motivo, las autoridades realizaron simulacros en diferentes puntos del país. Sin sospechar, claro está, que la naturaleza volvería a golpear al país, justo en esa misma fecha. Una fecha que sin dudas quedará grabada en los mexicanos.

Un potente terremoto de 7,1 grados, localizado en el límite entre Morelos y Puebla, dejó imágenes impactantes y aterradoras. Autopistas destruidas, edificios colapsados, heridos, muertos y personas atrapadas entre los escombros.

El caótico panorama provocado por esos tres terremotos podría haber sido aún mayor si el huracán Katia y la tormenta tropical Lidia hubiesen golpeado como en un principio se especulaba.

A principios del mes Lidia dejó siete muertos tras su paso por el estado de Baja California Sur, en el noroeste del país. Esa misma semana Katia golpeó la costa en el Atlántico. Pero al llegar al centro de la nación se disipó y no causó mayores afectaciones.

El huracán Max también se degradó a tormenta tropical al tocar tierra en la costa del Pacífico. Más precisamente en Acapulco. El fenómeno provocó fuerte lluvias e inundaciones.

Septiembre de 2017 no será un mes más para los mexicanos y caribeños. Fue -y es- un mes signado por los desastres naturales.

¿Pero qué se puede hacer frente a esos cambios de la naturaleza?; ¿existen posibilidades de reducir los impactos mediante obras de infraestructura, prevención metereológica?

Vivimos en un planeta cambiante, siempre lo ha sido, pero ¿somos los responsables de estos cambios bruscos?

Preguntas que los científicos y responsables gubernamentales tendrán que evacuar después que termine esta secuencia climática.

Pero lo que si debemos evaluar es cómo funcionaron los aparatos de servicios de emergencias en cada uno de los Países y el apoyo que se les dará a las victimas.

El crecimiento urbano, las construcciones mal hechas sin prevención de terremotos o huracanes, empeoran la situación en las zonas más pobres, lamentablemente los pobres son siempre los más sufridos. Lo que se puede hacer es pensar en planificar las edificaciones, barrios, antes que sucedan catástrofes. Si bien no se pueden evitar, al menos si se podrían disminuir.

En toda crisis, surgen oportunidades para mejorar, ojalá que esta vez también sirva para que se tome conciencia, se realicen obras y se reubique a la gente que vive en zonas de riesgo para otras regiones más protegidas, lejos del mar, sierras o de los ríos desbordables.

Desde la editorial enviamos nuestras condolencias a las familias de los fallecidos y deseamos una pronta recuperación a estos pueblos hermanos.