Posturas básicas de yoga para hacer en casa

Lo ideal es hacer yoga entre 15 minutos y una hora al día. Antes de comenzar a practicar las posturas, tendrás que concentrarte en tu respiración, centrándote en ella hasta que consigas alejarte de los pensamientos mundanos. Entre cada postura, puedes estirarte encima de tu esterilla con los brazos y piernas ligeramente abiertos, siendo consciente de tu respiración y relajándote, para sentir todos los efectos del asana que acabas de realizar.

 

Abdominales

Más que una asana, es un ejercicio muy común y necesario. Acuestate boca arriba, pon las plantas de los pies en el suelo y cruza una sobre la rodilla de la otra. Coloca las manos en la nuca y sube en diagonal llevando un codo a la rodilla contraria. Hazlo 15 veces en cada lado, subiendo en la exhalación.

La cobra

Colócate boca abajo, con las piernas juntas y estiradas y los brazos doblados con las manos apoyados a la altura de los hombros. Levanta las piernas manteniendo las piernas pegadas al suelo, sujetándote con los brazos, bajando los hombros y elevando la barbilla de manera que miremos ligeramente hacia arriba. Mantén la postura 30 segundos, descansa recostado boca abajo y vuelve a hacerla 30 segundos más. Con la cobra trabajamos la parte superior de la columna, mejora los músculos espinales, estimula los órganos internos, amplía la expansión torácica y beneficia la zona lumbar.

La postura del bebé

Justo la contraria a la cobra. Nos ponemos de rodillas y apoyamos los glúteos en los talones. Echamos el cuerpo hacia delante, apoyando la frente en el suelo y dejando los brazos a los lados. Nos mantenemos así unos 30 segundos.

El árbol

Nos ponemos de pie, con las piernas rectas, y juntamos las palmas de las manos sobre la cabeza, doblando los codos. Elevamos una de las piernas y apoyamos la planta del pie en la cara interna del muslo contrario. Nos mantenemos así 30 segundos, y repetimos con la otra pierna. Esta asana equilibra el cuerpo y la mente, y estira la columna vertebral.

 

El perro cara abajo

Empezamos de pie, y nos inclinamos hacia delante colocando las palmas de las manos a la misma distancia de los hombros, hasta apoyar las palmas en el suelo. Formamos un triángulo con las piernas y los brazos, introduciendo la cabeza entre ambos cayendo relajada mirando al suelo. Nos mantenemos así unos 20 segundos, respirado profundamente por la nariz. Mejorarás la circulación de las piernas, relajas la espalda y revitalizas todo el cuerpo. Para volver a la posición original, ve levantando el cuerpo siendo tu cabeza lo último en subir.

El águila

Comenzamos de pie, doblando ambas piernas e inclinándonos levemente hacia la izquierda. Doblamos la derecha por encima, colocándola alrededor de manera que el tobillo derecho llegue al gemelo izquierdo. Cruzamos el codo hacia la derecha, y colocamos ambas manos juntas frente al rostro. Intentamos sostenernos en esta asana durante 30 segundos, y repetimos con la otra pierna. Con el águila mejoramos el dolor de espalda, desarrollamos el equilibrio, estiramos los muslos, las caderas y las pantorrilas, así como la espalda alta, y estiramos los tobillos.

El triángulo

Empezamos de pie, separando las piernas alrededor de un metro, con los brazos separados a la altura de los hombros. Inhalamos e inclinamos el tronco hacia delante hasta tocar o rozar los pies con los dedos. Mantenemos unos 30 segundos y después repetimos al otro lado. Es una postura muy beneficiosa para el equilibrio, tonifica los músculos de las piernas, el tronco, el cuello, la espina dorsal y activa el funcionamiento del hígado, el páncreas y órganos abdominales.

 

Media torsión espinal

Nos sentamos en el suelo con las piernas rectas delante de nosotros. Doblas la pierna derecha y pones la planta en el suelo pasándola sobre la rodilla izquierda. Cruzas el brazo izquierdo sobre el cuerpo y lo apoyas en el muslo derecho, girando la columna; el brazo derecho lo apoyas en el suelo. Que tu cabeza siga el movimiento de la columna. Esta torsión la podemos mantener 30 segundos o más, si no estás muy incómoda, intentando girar más la espalda con cada exhalación. Después, repite todo el proceso al otro lado. Tonifica los nervios espinales y aumenta la energía en el cuerpo.

 

La pinza

Sentados en el suelo con las piernas rectas, nos vamos flexionando hacia delante colocando las manos en las pantorrillas, los tobillos o las plantas, según nuestra flexibilidad. Dejamos caer la cabeza relajada entre los brazos. Al ser la última asana, podemos mantenernos el rato que nos apetezca, mientras estemos cómodos. Debemos ir ganando flexibilidad con cada exhalación, a la vez que prevenimos dolores lumbares y estiramos todos los músculos de la espalda. Llegado el momento, llegaremos a tocar las piernas con la frente.