El litio sudamericano puede ser una gran fuente de ingresos

Sudamérica cuenta con las mayores reservas de litio del mundo. Las estimaciones son dispares y van desde el 58% hasta el 85% del total conocido, sin embargo, nadie pone en duda que allí está el futuro del llamado ‘oro’ o ‘petróleo blanco’.

En las últimas dos décadas, el precio de este metal alcalino ha subido de forma exponencial. Según reseña el diario El Confidencial, “una tonelada de litio se cotizaba a 1.670 euros en 1998”, mientras que a comienzos de 2017 se paga “hasta 8.600 euros”.

Ha cobrado una importancia creciente en los últimos años en relación al desarrollo de tecnologías de carbono cero, esto se ha dado tanto en lo que respecta a nuevos sistemas de movilidad, como por su potencialidad de aportar al almacenamiento de energías no renovables.

Los usos del litio

La suba del precio internacional de este mineral ha sido producto no solo de su utilización en las baterías de la industria electrónica, sino también en base a una expectativa de desarrollo de un sector automotriz basado en formas de movilidad eléctrica.

La referencia es a los automóviles eléctricos elaborados principalmente por la empresa Tesla, que ha desarrollado de manera considerable las baterías recargables de iones de litio. Para producir 500.000 vehículos al año, básicamente necesitamos absorber toda la producción de litio del mundo, declaró el año pasado el CEO de Tesla, Elon Musk, citado por el periódico El Mostrador.

Esto nos coloca frente a la posibilidad de un cambio de patrón energético en el transporte. Aunque si bien la sustitución de minerales combustibles por energía eléctrica tendría un impacto ambiental muy grande, seguramente incrementaría también la disputa por el agua como principal recurso hidro energético.

 

Geopolítica y futuro

Los tres países del “triángulo del litio” (Argentina, Bolivia y Chile), han llevado adelante modelos muy disímiles durante los años 2000, exportando litio como commodity en el caso de Chile; teniendo capitales mixtos públicos y privados y tratando de sumarle valor agregado como Argentina; o en Bolivia, donde el estado nacional tiene predominancia y el objetivo es la fabricación de baterías nacionales.

En los países de la Unión Europea requieren del litio sudamericano para llevar adelante sus objetivos de mediano y largo plazo en términos de mix de energías renovables en su matriz energética. Mientras, en América Latina no se ha avanzado en mayor medida en una visión de soberanía que “contemple como prioritarias” otras formas de generación de energía. El destino del litio puede ser una gran fuente de ingresos, pero además deben cuidarse los daños ambientales.

Los problemas en términos de integración regional afectan directamente a las potencialidades de la minería de litio en el continente, para tener un precio y una política extractiva unificada. También limitan la posibilidad de mejorar cualitativamente el posicionamiento y poder de negociación sobre el destino y uso del recurso, y están marcadas por la necesidad de complementariedad frente a un escenario de debilidades tecnológicas de los países sudamericanos.

Ojalá no suceda como siempre en Sudamérica, que los gobernantes y empresarios nacionales, entregan las riquezas a los extranjeros a bajo precio, para beneficio propio, sin importales el progreso de sus países. Los negociados históricamente, fueron malos para los sudamericanos, dejando pasar oportunidades de crecimiento.

El litio como todo recurso natural es limitado y las previsiones son que se agote en 40 ó 50 años, por lo tanto hay que ser inteligentes con su extracción y venta. Los gobernantes de estos países deben ser capaces, patriotas e inteligentes para llevar adelante un plan en conjunto que dé a sus ciudadanos amplios beneficios por los ingresos generados gracias a este mineral.