Brasil: Radiografía de una Crisis Multifacética y sus Implicancias Internacionales

 

Por Bernardo Dall´Ongaro

Lic. En Relaciones Internacionales (USAL)

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  1. Introducción

Actualmente, en la mayor parte de los medios de comunicaciones nacionales e internacionales, se suele hacer referencia a un profundo estado de “crisis” por el cual está atravesando la República Federativa del Brasil, sin precedentes en la historia político-institucional

del país. En el presente artículo, partimos del supuesto de que el término “Crisis” resulta ser amplio e impreciso, sujeto a una diversidad de interpretaciones y que engloba una multiplicidad de cuestiones.

Es por esto que el artículo posee un doble objetivo: Por un lado, reconocer que si bien es cierto que el país atraviesa por un proceso de notable cambio, es necesario realizar un breve y sólido análisis acerca de a qué nos referimos cuando hablamos de “crisis” en la República Federativa del Brasil. Por otro lado, pretendemos indagar sobre las consecuencias internacionales derivadas (o que se pueden llegar a derivar) de lo primero, con el fin último de hacer surgir una serie de interrogantes sólidos y coherentes que nos permitan continuar avanzando con la investigación del tema en cuestión.

 

  1. La poli-dimensionalidad de la crisis brasileña

Para comenzar, y en consonancia con lo establecido en la introducción, consideramos que la crisis por la cual atraviesa actualmente la República Federativa del Brasil es un fenómeno de tipo polidimensional; es decir, la misma responde a un entrecruzamiento de una multiplicidad de factores y variables económicas, políticas y sociales coyunturales, pero también históricas y estructurales, tanto del país como internacionales. En otras palabras, lejos de obedecer únicamente a una cuestión de corte meramente coyuntural, consideramos que es justamente una delicada combinación de factores de diversa índole lo que ha generado este “cocktail explosivo” que ha llevado a que el término “crisis” aparezca identificado con la presente realidad brasileña.

 

El rol de lo político

Con respecto a la dimensión política de la presente crisis brasileña, en el año 2015 se dio a conocer públicamente el escandaloso caso de corrupción “Petrolão”, en el marco de la operación “Lava Jato”, en la cual se descubre una extensa red de corrupción basada en el pago de sobornos y desviaciones de cifras millonarios que involucraba no sólo a importantes autoridades del poder Ejecutivo y Legislativo brasileño, sino también a la cúpula de la estatal Petrobras e importantes empresas constructoras brasileñas, tales como Odebrecht y Andrade Gutierrez.

Esto último, sin lugar a dudas resulta ser un elemento presente en la actual coyuntura brasileña que contribuye a reproducir y hacer prevalecer la inestabilidad política, económica y social por la que atraviesa el país.

Tal como se ha dado a conocer públicamente, la red de corrupción brasileña denunciada no solamente se limita a la administración de Dilma Rousseff. Por el contrario, tiene larga data e involucra incluso a autoridades de la presidencia de Fernando Henrique Cardozo. Teniendo presente esto último, las preguntas que viene inmediatamente a nuestra mente y que nos permitirán elaborar un análisis más sólido respecto de la cuestión son: ¿Quién o quiénes son los interesados en dar a conocer públicamente esta información? ¿Por qué se da a conocer ahora y no antes? ¿Para qué?

Sumado a esto último, entre los elementos de coyuntura actual nos encontramos con un proceso de impeachment (juicio político) en proceso, la suspensión de Dilma Rousseff del cargo de Presidente de la República por un lapso de 180 días y el reemplazo por su vice, Michel Temer.1

Frente a esto, se ponen de manifiesto dos claros sectores de la sociedad civil en puja: Por un lado, quienes consideran el proceso un golpe de estado por no respetar cuestiones procedimentales jurídicas básicas y claman por el regreso de Rousseff a la presidencia de la república y, por otro lado, quienes poseen un profundo descreimiento hacia la totalidad del sistema político brasileño y, movilizados a partir de sentimientos de impotencia, demandan respuestas y buscan propiciar un cambio estructural.

Con una imagen fuertemente debilitada tanto dentro como fuera del Congreso, frente a la necesidad de llevar adelante políticas de ajuste y dos años más de gestión por delante, la crisis podría derivar en el llamado a elecciones presidenciales anticipadas. La capacidad de M. Temer de sortear la crisis por la que atraviesa su país con éxito dependerá, entre otras cosas, de la estabilidad y viabilidad de su administración.

Sin embargo, consideramos que la situación de crisis institucional actual por la que atraviesa el país no sólo responde a elementos de corte coyuntural, sino también estructurales. Es en este punto en donde hacemos referencia a las características propias del sistema de partidos brasileño; el cual, en términos de J.Sartori, podría ser calificado como de tipo multipartidista extremo; es decir, un sistema en el cual el poder se encuentra fragmentado en una multiplicidad de partidos.2 De esta manera, las negociaciones y las concesiones inter e intra partido se tornan una práctica habitual e indispensable en este tipo de sistema, ya que la única manera factible de acceder al poder es a partir de la formación de coaliciones de gobierno. Asimismo, sumado a lo anteriormente establecido, el sistema de partidos brasileño tiene la característica de tener una notable ausencia de disciplina partidaria, la cual resta a los presidentes capacidad de control tanto dentro como fuera del Congreso y, en consecuencia, incentiva y aumenta el margen de maniobra para que diputados y senadores (sean parte de la coalición de gobierno o no) realicen jugadas independientes, por fuera de los intereses partidarios, creando fácilmente espacios para la corrupción.3

 

El rol de lo económico

En lo que respecta a la dimensión económica, consideramos que la situación presente por la que atraviesa el país tampoco puede ser atribuida sólo a factores de la coyuntura actual. Por el contrario, responde a una multiplicidad de factores, algunos de la coyuntura presente, otros que ya se habían gestado o se venían gestando desde años atrás.

Desde ya hace algunos años atrás, ciertos indicadores macroeconómicos del país venían reflejando gradualmente cierto déficit, cierta tendencia hacia la inestabilidad, y los elementos de coyuntura actual terminan por poner en jaque la economía del país. Entre estos elementos que se fueron gestando en el tiempo, destacamos:

En primer lugar, acudimos a una variable de corte histórica internacional: la crisis del año 2008/2009. Si bien no ponemos el eje de la explicación en esta variable y destacamos que Brasil ha sido uno de los países de la región que mejor ha sabido sortear las consecuencias inmediatas de esta crisis.

Por otro lado, en los últimos años se han registrado problemas de sequias en el país, con picos históricos en el año 2014 sin precedentes desde la década de los años treinta. Esto último no sólo ha provocado consecuencias en lo que refiere al volumen de su comercio exterior, sino también una crisis en otro sector de suma importancia para el país: el de su matriz energética. Recordamos que, estructuralmente, la mayor parte de la generación de energía eléctrica es sumamente dependiente de sus principales ríos: Paraná, Tocantis, Madeira, Xingù, San Francisco, entre otros. Las hidroeléctricas en Brasil corresponden al 90 % de la energía eléctrica producida en el país.

Por último, en materia de comercio exterior, destacamos la relación con dos de sus principales socios comerciales, Argentina y China. En los últimos años, tanto la devaluación argentina (2013) como la contracción de la demanda China han repercutido negativamente sobre el comercio internacional brasileño, particularmente sobre su balanza comercial, la cual gradualmente ha tendido al déficit.

En lo que respecta estrictamente a los elementos de coyuntura actual, como se mencionó anteriormente, los mismos terminan por poner en jaque la economía del país. Gran parte de ellos se encuentran ligados a la dimensión política anteriormente abordada. Los episodios de corrupción investigados y dados a conocer a la opinión pública en el marco de la operación Lava Jato han agravado la situación económico-financiera del país, lo cual se puede ver reflejado en los principales indicadores macroeconómicos del mismo (inflación, inversión extranjera directa, consumo, exportaciones, importaciones, etc.)

Esto último, entre muchas otras cosas, consideramos que es un indicador de lo que representa Petrobras para Brasil, siendo una de las cajas de dinero más importante que el país tiene para hacer negocios, tanto al servicio de su política interna como exterior.

Asimismo, y sumado a lo anteriormente mencionado, la actual situación asociada al proceso de juicio político también ha impactado en el plano económico-financiero del país. A modo de ejemplo, el índice “riesgo país” de Brasil aumentó considerablemente en los últimos meses, lo cual ha producido una fuga de inversiones del mismo.

Por lo tanto, siendo reiterativos, consideramos que la actual dimensión económica debe explicarse a partir tanto de elementos de la coyuntura actual como también históricos, tanto domésticos como internacionales.

 

El rol de lo social

La inestabilidad política se retroalimenta con la económico-financiera y ambas tienen su correlato en el plano social. Si bien dentro de Brasil pueden fácilmente visualizarse una multiplicidad de sectores de la sociedad civil con demandas insatisfechas existen, desde ya hace largo tiempo, una serie de demandas crónicamente insatisfechas (es decir, que tienen larga data) que se dejan entrever a lo largo y ancho del país. Entre ellas, por la magnitud del sector y la antigüedad de su demanda, destacamos: 1) Movimento Passe Livre (MPL). Creado hacia 2005, su principal demanda crónicamente insatisfecha es el obtener la Tarifa Zero o transporte público/gratuito; 2) União Nacional dos Estudiantes (UNE).Creada hacia fines de la década de 1930, su principal demanda insatisfecha es la de lograr mejoras en la calidad educativa brasileña; 3) Movimento Indígena. Este movimiento social lucha por la protección y conservación de sus tierras. La Constitución Nacional de Brasil atribuye al ejecutivo federal la competencia de demarcar las tierras indígenas. Sin la embargo, desde el año 2000 se tramita en el Congreso brasileño la posibilidad de aprobar una enmienda constitucional (Pec-215). 4)Que otorgue al poder legislativo la capacidad de controlar la demarcación territorial indígena, en donde se encuentran representados intereses de sectores que amenazan directamente la causa indígena. El derecho del movimiento indígena a conservar sus tierras está contenido tanto en la Constitución Nacional de Brasil (Cap. VIII) como en el Estatuto del Indio (Cap I.) 4) Por último, el Movimento Dos Trabalhadores Sem Terra (MST). Sus orígenes se remontan a los años ochenta y principal demanda crónicamente insatisfecha es promover la reforma agraria. Recordamos que, estructuralmente, la distribución de tierras dentro de Brasil es sumamente inequitativa. Es decir, la mayor parte las tierras se encuentran concentradas en un pequeño porcentaje de la población. Esta última es una característica estructural del país que se remonta a la época imperial, a los tiempos de Pedro II.

Cada uno de los sectores mencionados anteriormente tiene un carácter nacional, una demanda crónicamente insatisfecha puntual y una modalidad de hacer oír sus reclamos en particular.

La inestabilidad social brasileña a la cual hacemos referencia se manifiesta conceptualmente en lo que la Dra. Seitz (CONICET) denominó “Situación Populista”; esto es, una situación en la cual “ las soluciones institucionales democráticas o autocriticas establecidas quedan en estado de insuficiencia respecto de sí mismas y fuerzan al reclamo por y a la toma efectiva de medidas que ponen dicha institucionalidad al límite para satisfacer las demandas tanto sectoriales como sociales crónicamente insatisfechas”5 , y cuyo indicador más fehaciente y reciente en la historia política de la República Federativa del Brasil ha sido la conocida “ Revuelta del Vinagre” o “ Revuelta de los Veinte Centavos” de Junio del 2013, en un contexto de preparativos para la Copa del Mundo 2014.

Esta situación puede leerse como el producto de una característica estructural que aqueja a la región latinoamericana en su conjunto: el hecho de que América Latina es la región del mundo con la peor distribución del ingreso y la mayor concentración de la riqueza.

La solución de este problema será una condición Sine Qua Non para lograr la desaparición de las situaciones populistas en la región.

 

II.2 Consecuencias Internacionales

Al indagar en las consecuencias internacionales derivadas (y que se pueden llegar a derivar) de la presente crisis por la que atraviesa Brasil, observamos que son pocos los actores que salen ganando de la misma.

A nivel regional y en materia de comercio internacional, la caída de la producción industrial en los últimos 3 años, con un acumulado del 18% y una nueva producción recesiva proyectada de (6) 4% para el 2016, no tan solo explica el retroceso de más de un millón y medio de puestos de trabajo para el período y la consecuente caída de producción y adquisición de Bienes de Capital, sino que también explica la contracción del comercio intrazonal MERCOSUR, que los últimos 10 años se vio acrecentado de manera notable. La contracción acumulada se eleva a 18% para la Argentina y el primer trimestre de 2016 avisora un 31% de caída en la balanza global con Bolivia, ponderándose el deterioro de las zonas fronterizas dependientes a ultranza, que ya han comenzado con los despidos de múltiples industrias y comercios.

En lo que concierne a las relaciones estrictamente políticas, ya pueden observarse las primeras tensiones diplomáticas entre el nuevo gobierno brasileño y ciertos países de la región. Por un lado, los gobiernos de Venezuela, Bolivia, Cuba, Ecuador, El Salvador y Nicaragua consideraron el proceso de desplazamiento del poder a Dilma Rousseff como inconstitucional. Por su parte, tanto el presidente de Venezuela como el del Salvador, Nicolás Maduro y Salvador Sánchez Ceren respectivamente, ordenaron el regreso de sus respectivos embajadores acreditados en Brasilia hasta el momento. Por otra parte, en el marco de la última cumbre de Unasur, el Secretario General de la organización, Ernesto Samper, consideró que el proceso de enjuiciamiento a Dilma Rousseff viola aspectos claves de la Constitución Nacional de este país, tal como el principio de la separación de poderes. Ante semejantes rispideces, el nuevo canciller brasileño, José Serra, repudió los puntos de vista de estas autoridades políticas a través de dos notas oficiales emitidos por Itamaraty.

En tercer lugar, consideramos que la región pierde un interlocutor estable para abordar conflictos diplomáticos. Una rápida observación de la historia de las relaciones internacionales entre los países latinoamericanos pone en evidencia el rol de mediador asumido por Brasil frente a los conflictos diplomáticos surgidos entre los países de la región. Entre los conflictos en los cuales Brasil ha asumido un rol conciliador destacamos: Guerra del Gas (2003), Conflicto Colombia Ecuador-Venezuela (2008) y Conflicto Colombia-Venezuela (2009). En este sentido, consideramos que a partir de la presente, la región queda sin un mediador internacional.

Por último, en materia de integración, el interrogante que automáticamente viene a nuestra mente es: teniendo presente el antecedente de Paraguay en el año 2012, ¿Se decidirá suspender a Brasil de ambos bloques, apoyándose en la “Cláusula Democrática” como uno de sus principios rectores? Si bien aún no se le ha dado una respuesta fáctica a este interrogante, consideramos que no se ejecutará tal suspensión porque, a diferencia de Paraguay, los costos tanto para los países de la región por separado como para los bloques serían muy altos. Brasil no sólo no será suspendido del bloque, sino que buscará utilizarlo como plataforma para insertarse internacionalmente, buscando su dinamización y la negociación con otros actores internacionales, tales como la Alianza del Pacifico y el BRICS. En este sentido, podría llegar a encontrar en la administración de Mauricio Macri un interlocutor para llevar adelante sus objetivos en materia de política exterior. La visita de J. Serra a la Argentina en el mes de Mayo y el contenido de lo discutido en la reunión con su par, Susana Malcorra, puede tomarse como un indicador de esto último.

Sin embargo, las consecuencias internacionales de la crisis brasileña no se limitan sólo al ámbito regional, sino que también se dejan entrever a nivel global:

En lo que concierne a las relaciones con sus principales socios comerciales, Estados Unidos parece ser uno de los grandes ganadores del proceso en curso: el desplazamiento de Argentina a partir de los movimientos díscolos de ambas administraciones respecto de su bilateralidad, ha sido aprovechado por EEUU que compite mes a mes la cúspide con la Republica Popular China (RPCH). Más aún, lejos de ser una cuestión meramente comercial, el flamante Presidente Interino, alguna vez acusado de ser informante directo del hegemón del Norte, nombra a José Serra como Canciller (quien disputara elecciones y perdiera en ambas ocasiones contra el PT) y logra que Michael Fitzpatrick en el seno de la OEA descalifique a los sucesos como golpistas. Serra, el mismo que como Senador presentara proyectos para favorecer actividades comerciales exógenas en la plataforma marítima brasileña, preeminentemente abordadas por Petrobras. A su vez, la RPCH tampoco facilitó el contexto para Brasil: la devaluación del Yuan y la “nueva normalidad” China a partir de la transición del modelo interno restó competitividad al Brasil y produjo una contracción de sus exportaciones, además de favorecer una devaluación concatenada del Real a niveles históricos.

Resta ver cómo se encausarán las relaciones a partir del intento innovador de sepultar los problemas con los Estados Unidos, a partir del Espionaje probado e intervención en su sistema político interno.

En tercer lugar, la crisis está configurando percepciones en el resto de los países del mundo. La situación por la que atraviesa Brasil refleja, entre otras cosas: por un lado, que el país no está preparado para ocupar un lugar en el Consejo de Seguridad de la ONU (histórica demanda brasileña hacia la organización). Por otro lado, que el país tampoco está en condiciones de consolidarse como líder internacional ni de posicionarse como interlocutor entre la regional y el resto del mundo, claros objetivos en materia de política exterior por parte de la administración de Dilma Rousseff hasta el momento. En este sentido, algún otro país latinoamericano podría aprovechar esta oportunidad y posicionarse en este rol de interlocutor que queda “vacante”. Percibimos que este podría llegar a ser el caso de la Argentina, tomando como indicador la postulación de Susana Malcorra para ocupar el cargo de Secretaria General de las Naciones Unidas en reemplazo de Ban Ki-Moon.

Por último, en materia relaciones entre bloques de integración, la crisis política brasileña podría llegar a repercutir en los ritmos, velocidades y contenidos de las negociaciones entre Mercosur y Unión Europea en torno al acuerdo de libre comercio que Brasil viene intentando concretar desde la administración de Luiz Inacio Da Silva. Incluso, en caso de no ver oportunidades de lograr la inserción internacional deseada a partir del uso del bloque como plataforma, la administración de M. Temer podría avanzar en un acuerdo bilateral con Europa.

 

III. Discusión y conclusiones finales

De lo anteriormente establecido, surgen una serie de conclusiones e interrogantes finales:

En primer lugar, como hemos intentado demostrar a lo largo del presente artículo, y siendo uno de sus principales objetivos, reiteramos nuestra hipótesis, la actual situación de crisis institucional que atraviesa el gigante latinoamericano no responde a un único elemento de la coyuntura actual. Por el contrario, es el resultado del entrecruzamiento de una multiplicidad de variables coyunturales e histórico-estructurales, tanto del país como internacionales.

En segundo lugar, establecimos que, por el posicionamiento que tiene Brasil en el equilibrio de poder internacional, la crisis necesariamente arrastra con ella consecuencias internacionales, tanto regionales como globales.

En tercer lugar, el caso de Brasil pone una vez más en evidencia que América latina vive una ola de notable cambio. Junto a este último, los casos de Venezuela, Bolivia y Argentina muestran que, en términos político- ideológicos, la región vira pendularmente desde la izquierda hacia la derecha del espectro. ¿Conllevará esto último a importantes cambios en la direccionalidad de la política exterior latinoamericana?

En cuarto lugar, frente a estos virajes que está experimentando América Latina en términos politico-ideologicos y las situaciones de inestabilidad que en varios países de ella se observan,

¿Cómo debería actuar la región frente a crisis domésticas como la brasileña?

Por último, enhebrando las dimensiones expuestas, la falta de apoyo social con la que cuenta Temer, su debilidad política en el aparato legislativo, la necesidad de un ajuste en un contexto recesivo y dos años más de gestión por delante, ¿derivará en que se anticipen las elecciones presidenciales?

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Citas:

1 Cabe destacar que , aunque por momentos se los suelen entremezclar, el juicio político contra la mandataria brasileña no responde a ni tiene puntos de contacto con los casos de corrupción mencionados anteriormente, sino a la violación de normas fiscales en lo referido al presupuesto público.

2 Sartori, G., (2005) Partidos y sistemas de partidos. Edición castellano. Alianza Editorial

3 Consideramos a la corrupción un elemento que forma parte de la estructura del sistema político brasilero.

4 crisis, sí la mencionamos como un antecedente a partir del cual la deuda pública brasileña comienza a aumentar progresivamente año tras año hasta el día de hoy, en el cual la misma amenaza la actual reactivación económica del país.