Brasil de cara a los Juegos Olímpicos 2016: Potenciales desafíos y amenazas domésticas e internacionales

Por Bernardo Dall ´Ongaro

Lic. Relaciones Internacionales

El presente artículo tiene como principal objetivo el de realizar una breve referencia a  potenciales desafíos y amenazas, tanto internos/as como externos/as, a los que la administración de Dilma Rousseff deberá estar preparada para hacerles frente en vistas a la realización de los Juegos Olímpicos 2016.

En lo que respecta al plano doméstico/interno, destacamos la interrelación existente entre la inestabilidad política, económica y social por la que atraviesa actualmente el país. Si bien la misma, en sus tres dimensiones, ya se había manifestado previamente a la Copa del Mundo 2014 (con la Revuelta del Vinagre de Junio 2013 como principal indicador) , las recientes denuncias por corrupción política dentro de la cúpula de Petrobras y su vinculación con importantes empresas constructoras del país (entre ellas, Odebretch y Andrade Gutierrez) y funcionarios políticos de alto rango en el marco de la operación “Lava Jato”, agravaron el panorama de crisis existente hasta el momento.

Hoy en día, sumado al escenario de crisis económica caracterizado por recesión, inflación y desempleo que Brasil arrastra desde ya hace un tiempo, tanto Petrobras como las empresas constructoras denunciadas, importantes generadoras de redituables negocios para el país y armas estratégicas al servicio de su política interna e internacional, ya no desempeñan el mismo rol que antes en la economía brasileña, lo cual puede observarse claramente tanto en la evolución de los principales indicadores macroeconómicos del país como en los financieros de las empresas en cuestión. Esto último, sin lugar a dudas, ha complicado aun más la ya delicada coyuntura económica brasileña.[1]

De esta manera, la inestabilidad política complica aún más la variable económico-financiera y ambas tienen su correlato en el plano social. Las demandas crónicamente insatisfechas que se dejan ver a lo largo y ancho del país, con pedidos de impeachment de por medio, son un caldo de cultivo para que, de combinarse con esta coyuntura política y económica, generen tal entrecruzamiento de variables y fenómenos que provoquen un potencial “cocktail explosivo” que podría derivar nuevamente en una situación similar a la vivida en la famosa “Revuelta del Vinagre” de Junio del año 2013.

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Por otra parte, y también vinculado al ámbito doméstico/regional, el gobierno brasileño posee actualmente el desafío de combatir y erradicar al principal agente causal del virus Zika. Si bien ya se han tomado acciones efectivas en pos de lograr este último objetivo, tanto el operativo como el desafío aún continúan latentes. La necesidad de cooperación a nivel regional es un elemento esencial en lo que respecta al combate y eliminación de la plaga, ya que se han registrado casos de migración del virus hacia otros países latinoamericanos.

En lo que respecta al plano internacional, y teniendo como antecedente lo sucedido en Paris en el año 2015 y las posteriores repercusiones internacionales que este último acontecimiento tuvo, el ser sede de este mega evento internacional lleva directamente a Brasil a concebirse asimismo como un posible foco de atentado terrorista, para lo cual estar preparado será una condición “Sine Qua Non”.

Si bien el país no despliega una activa participación en los asuntos internos de Medio Oriente y se encuentra geográficamente alejado de los recientes acontecimientos asociados al terrorismo internacional, existen una serie de elementos que lo llevarían a concebirlo como una posible amenaza foránea para la cual habrá que estar necesariamente preparados. Entre esta innumerable cantidad de elementos, podemos destacar: en primer lugar, el hecho de ser sede de un mega evento internacional al cual  asistirán turistas provenientes de una multiplicidad de regiones del globo, incluidos aquellos países que sí intervienen en los asuntos domésticos de ciertos países de Medio Oriente. En segundo lugar, lo que Brasil representa. Un referente del catolicismo a nivel internacional (por ser el país con la mayor cantidad de católicos a nivel mundial) y el poseer en la ciudad olímpica (Rio de Janeiro) al Cristo Redentor como símbolo de esto último y atractivo turístico. En tercer lugar, la carencia de una sólida Ley Antiterrorista, lo cual vulnerabiliza aún más al país en esta área temática. Asimismo, podemos agregar que ya existen antecedentes históricos referidos a ataques terroristas en contextos de Olimpiadas.

En función de lo hasta aquí planteado, ya se están ensayando operativos conjuntos entre las fuerzas de seguridad  del país, las fuerzas armadas y organismos de inteligencia tanto locales como extranjeros.  Recordamos dos datos que nos pueden ser de utilidad para aclarar el modo de operar de estos actores: en primer lugar, a diferencia de lo que sucede en Argentina, la Ley de Defensa Nacional brasileña habilita a las fuerzas armadas a intervenir en los asuntos internos del Estado. En segundo lugar, en el Libro Blanco de la Defensa Nacional se pone de manifiesto la necesidad de que las fuerzas trabajen de manera conjunta. Es decir, el trabajo de los actores encargados de la defensa y seguridad del país no se piensa de forma aislada, sino mancomunada.

A modo de conclusión, de lo anteriormente mencionado se desprende que la administración de Dilma Rousseff posee una multiplicidad de potenciales desafíos y amenazas de cara a los Juegos Olímpicos 2016, los cuales se plasman tanto en el plano interno como en el internacional, y que condicionan directamente el margen de maniobra que el país posee para tomar decisiones en ambos planos.

Teniendo presente este cuadro de situación actual, la toma efectiva de decisiones que garanticen un evento de semejante magnitud sin mayores complicaciones dependerá, entre otras cosas, del tipo de lectura que se haga de la coyuntura por parte de los tomadores de decisiones (y de las percepciones que se deriven de la misma), así como también de los niveles de prudencia y capacidad de planificación, coordinación y control que manejen las autoridades políticas brasileñas.

Por otra parte, el resultado (medido en términos de éxito o fracaso) en función de cómo la administración de Dilma Rousseff lidie con este asunto, configurará determinadas percepciones no sólo al interior del Brasil, sino también respecto de cómo el resto del mundo percibe al país ; percepciones que este último posee fuerte interés en construir.

 

[1]  En este punto, consideramos pertinente realizar una aclaración con el propósito de no confundir al lector: en este articulo no se está discutiendo la veracidad (o falta de la misma) de las denuncias realizadas. Lo que se busca es dar cuenta, lo más objetivamente posible, del impacto que las mismas han generado (y tienen el potencial de generar) sobre el plano estrictamente político- económico –social del país.