Científicos logran importantes avances contra el cáncer

Científicos del Instituto Leloir de la Argentina, modificaron virus para que ataquen tumores,  después de más de diez años de trabajo, científicos del Instituto Leloir y el Conicet firmaron ayer en el Ministerio de Ciencia y Tecnología argentino, un convenio con la compañía Unleash Immuno Oncolytics para transferirle la licencia de una patente que les permitirá desarrollar una inmunoterapia contra el cáncer sobre la base de virus modificados genéticamente.

 

Aunque el conocimiento obtenido en el laboratorio y su transferencia a la industria privada es rutina en muchos países del mundo desarrollado, se trata de un paso inusual para el sistema científico local. Según se informó, es la primera vez que se licencia una patente a una empresa creada con fondos de inversión de riesgo en el exterior. Si la inmunoterapia resulta eficaz y segura en los ensayos clínicos, podrá aplicarse en el tratamiento de pacientes.

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Misiles biológicos

Osvaldo Podhajcer, jefe del laboratorio de Terapia Molecular y Celular del Instituto Leloir, y su equipo (que integran Eduardo Cafferata, Diego Viale y Verónica López) modificaron genéticamente adenovirus (los que provocan resfrío, infecciones respiratorias, conjuntivitis) para que detecten tumores, infecten sus células y los destruyan. El UIO-512 (nombre en código del virus modificado) no sólo reconoce y elimina las células malignas, sino también el sistema de sostén y los vasos sanguíneos, sin dañar las sanas.

“Pero además -aclaró-, lleva un gen que estimula la respuesta inmune para que éste ataque las metástasis.”

En una primera etapa, el fármaco se probará en cáncer de ovario y melanoma. “Los resultados en modelos preclínicos (animales y biopsias humanas) fueron publicados en revistas científicas de alto impacto y resultaron muy prometedores -agregó el científico-. Hay ausencia total de toxicidad y completa bioseguridad.”

Para Alejandro Ceccatto, nuevo presidente del Conicet, éste es un caso emblemático de la orientación que quiere imprimirle a su gestión. “Estos son los ejes que pienso promover -dijo-. Tenemos que pensar en la ciencia y su aplicación como una tarea integral. La transferencia de conocimiento a la sociedad es una deuda que deberemos ir pagando progresivamente. El Conicet debe ser una institución percibida por la sociedad como una fuente de soluciones a problemas concretos.” En ese sentido, Ceccatto destacó que por medio de una pequeña reestructuración interna se elevará al nivel de gerencia la hasta ahora secretaría de vinculación tecnológica.

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Bioquímico egresado de la Universidad Nacional de La Plata, Daniel Katzman, de Unleash, confesó que para él la lucha contra el cáncer es algo muy personal y destacó que la tecnología desarrollada por los científicos argentinos es “de punta en el mundo”.

 

“La primera terapia con virus oncolíticos fue aprobada por la FDA sólo en octubre del año pasado”, comentó. Se trata de un tratamiento del melanoma avanzado que arrojó resultados muy alentadores.

 

Una tecnología disruptiva

Los virus modificados genéticamente.

“Las compañías farmacéuticas tienen un gran apetito por estos productos. Eso hace que haya inversores interesados”, subrayó Katzman, fundador de otra empresa, NeuroHealing, que en Francia está conduciendo un ensayo clínico de fase 2 para pacientes de Parkinson con un subsidio recibido de la Fundación Michael Fox, informó la Fundación Leloir.

En los próximos tres a cuatro años su compañía se encargará de obtener la inversión necesaria para completar los estudios preclínicos de toxicidad y de obtener los permisos necesarios ante los entes regulatorios sanitarios de Estados Unidos, la Unión Europea y la Argentina (FDA, la EMA y Anmat).

“Esto es novedoso desde el punto de vista biológico porque durante 3500 millones de años la vida se modificó por azar y necesidad -dijo el Ministro Lino Barañao-. Ahora, por primera vez, la especie humana está aplicando el «diseño inteligente».” Y más adelante coincidió con Ceccatto en la necesidad de estimular la transferencia entre la mesada del laboratorio y la actividad productiva. “Nosotros teníamos un sistema científico «forestal»: orientado a escribir papers. Necesitamos más personas que se ocupen de recoger los frutos de esos árboles del conocimiento”, subrayó.