River es goleado por el Barça en Japón

Algunos minutos en los que River Plate amenazó con romper las predicciones y desordenó con su intensa presión al Barcelona. Pero algo estaba claro: apenas marcaran los culés o se cansaran los jugadores de River, el asunto estaría terminado. Y así fue: ya dominaba el equipo de Luis Enrique cuando llegó el primero de Messi, y dio la sensación de que la hora que faltaba por jugar se disputaría porque no se podía hacer otra cosa.

 

Según el diario As de España: “quedó plasmada, una vez más, la inmensa superioridad del fútbol europeo sobre el muy venido a menos balompié latinoamericano. De las últimas diez finales, los clubes latinos han ganado sólo dos. Los graves problemas que acusa el deporte rey en América Latina son varios, pero quizás el que haya quedado mejor ilustrado sea la precoz migración de los talentos locales. Los tres goles de este Barcelona todopoderoso los firmaron Messi y Suárez, dos sudamericanos, a los que acompañan Neymar, Mascherano, Dani Alves y Claudio Bravo, sin contar a Adriano, que esperaba su oportunidad en el banco.”

Parece contradictorio decir que el dominio del fútol europeo es muy superior, cuando más de la mitad de los jugadores del Barcelona son sudamericanos y que Ronaldo, Ronaldinho, Rivaldo y  Messi, le han dado al Barcelona la mayoría de los títulos del club. La diferencia económica, en donde los clubes europeos lavan dinero de dudosa procedencia, hacen que puedan “comprar” a cuánto jugador con talento, exista en el Mundo, esa esa la diferencia con los clubes de latinoamerica, ahora hablando de talento o de fútbol latino contra europeo, creemos que la competencia es bien pareja y hasta superior por parte de los sudamericanos. Qué resultados tendrían los equipos europeos sin las incorporaciones de latinoamericanos?

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Luego en el descanso de Messi hizo crecer en protagonismo a Neymar, que hizo algunos lujos y también desbordó un par de veces; en la mejor acción, lanzó un centro para que su compatriota Dani Alves rematara sin consecuencias. Ahí reaccionó River, que en una ráfaga hizo revolcar a Bravo con los disparos de Mora y Alario. El chileno enseñó por qué le tuerce el brazo a Ter Stegen.

 

Ponzio, que venía haciendo méritos para ganarse la amonestación, la encontró por golpear a Dani Alves, después de que el brasileño se desprendiera de la pelota. Si hasta Mascherano -un tiempista en la zaga, esa en la que Piqué devolvió todo lo que llegó por aire- le fue a recriminar esas deslealtades. Otra vez se encendió Messi, con un tiro libre esta vez, y Barovero volvió a ahogarlo. Las estocadas de Leo se iban ajustando, como si calibrara la mira. Cuando lo logró, rompió la paridad: el recupero de Neymar fue a los pies de Leo, que extendió para Dani Alves; el pase, al palo más lejano, fue conectado por Neymar de cabeza y Messi hizo el resto.

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Fue un shock del que River no se repuso jamás. Suárez, la tercera pata del tridente, tuvo dos veces para anotar antes de irse al descanso. Falló, pero no se desanimó. En la primera que se le presentó en el segundo tiempo, hizo estallar al estadio, donde los japoneses y los chinos iban a mano del mejor. Con River adelantado, el campo vacío fue tierra fértil para el uruguayo, que superó a Barovero.

 

En el entretiempo, Martínez y Lucho González habían reemplazado a Mora y Ponzio. Pero el 2-0 llegó tan pronto que el corazón de River estaba dolido y la maquinaria futbolística que resulta ser el Barcelona dio sus mejores señales. Messi lo tuvo dos veces, con un remate débil primero y con otro disparo colocado que despejó Maidana en la línea de sentencia, minutos más tarde.

 

Cada ataque de Barcelona llevaba aroma de gol, mientras River se desesperaba para controlar esa andanada y, si le quedaba oxígeno, intentaba lastimar. Fue sin ideas, casi a ciegas, sin un patrón definido. Todo lo contrario pasaba en la otra vereda, donde Busquets e Iniesta era los que dosificaban la energía, esa que consumían a borbotones Messi, Neymar y Suárez cuando se lanzaban en combinaciones de ataque. Lanzó Neymar cuando promediaba el capítulo final y Suárez, de cabeza, dejó sin reacción a Barovero.