El componente ideológico-religioso de los grupos terroristas islámicos

El ejemplo del ISIS en el Terrorismo Internacional:  Basamentos Ideológico-Religiosos del Accionar del Movimiento Islámico Radicalizado

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Los recientes acontecimientos asociados al terrorismo internacional nos llevan a realizar una breve, aunque no por ello menos sólida y coherente, reflexión sobre este fenómeno tan presente en la política internacional de fines del siglo XX y principios del siglo XXI.

El relevamiento histórico de los atentados terroristas sucedidos a lo largo de la década de los años noventa y principios del presente siglo en la política mundial pone en  evidencia que la mayor parte de los mismos han tenido un carácter predominantemente islámico. Es decir, han sido llevados a cabo por organizaciones/grupos radicalizados pertenecientes a lo que se conoce como movimiento islamista.

En función de lo anteriormente establecido, el presente artículo tiene como principal objetivo el de realizar un aporte que nos permita comprender el terrorismo internacional islámico a partir de los fundamentos ideológicos-religiosos del Islam. Es decir, identificar cuáles son las principales bases ideológico-religiosas sobre las cuales se sustenta su accionar.

Cabe destacar que si bien dichos fundamentos, y las interpretaciones que se han hecho de los mismos, han ido mutando a lo largo de la historia del Islam, algunos de ellos han estado siempre latentes en la tradición islámica.

Ahora bien, en principio, es necesario tener bien presente una cuestión de suma importancia: La separación entre lo que es el Islam por un lado, y el terrorismo internacional por otro. Si bien los practicantes de este último se autodefinen como islámicos, el Islam no preconiza el terrorismo. Este último, no es responsabilidad del primero.

El conocimiento de las bases ideológico-religiosas del Islam (contenidas en el Corán) nos provee de una herramienta más para comprender el porqué de los actos terroristas llevados a cabo por estos grupos radicalizados. No sólo el discurso, sino también la práctica del terrorismo se construye y justifica a partir de una particular lectura que los mismos hacen de las tradiciones islámicas.

A partir de esto último, destacamos uno de los principales conceptos arraigados en la matriz ideológico-religiosa sobre los cuales se apoya el accionar de estos grupos radicalizados: la llamada Jihad, lucha en defensa de la comunidad islámica o de creyentes (Umma).[1]

Una rápida observación de los países que han sido blancos del terrorismo internacional islámico en los últimos años (Estados Unidos, Francia, Rusia e Israel, entre otros) nos permite fácilmente identificar un elemento que poseen en común en materia de política exterior: todos ellos han sido países que han  intervenido directamente en los asuntos internos de la región islámica. Asimismo, cabe destacar que no sólo el terrorismo internacional islámico ha accionado contra estas potencias intervencionistas, sino también contra aquellos países aliados o que han colaborado con las mismas en el proceso de intervención directa en el mundo islámico (tal como es el caso de Argentina hacia 1992 y 1994, la cual había enviado tropas en el contexto de la Guerra del Golfo durante la administración de Carlos S. Menem).

De esta manera, los actos terroristas son entendidos como una respuesta a la agresión; a la política intervencionista de estos países en la región islámica, los cuales amenazan en forma directa la comunidad islámica en su conjunto.  Por lo tanto, y en función de lo anteriormente establecido, reiteramos que la Jihad se desarrolla en el terreno exclusivamente defensivo; particularmente, en defensa de la Umma o comunidad de creyentes islámicos.

Por esto último sostenemos que, de no existir el despliegue de una política exterior agresiva y expansiva por parte de estas potencias y sus aliados hacia el mundo islámico, el terrorismo como tal estaría con seguridad menos presente en la política internacional de lo que está actualmente.

Analizándolo desde esta óptica, los recientes acontecimientos en Paris pueden ser comprendidos sólo si se conoce cuál es/fue la política exterior francesa hacia la región islámica en el/los periodo/s que anteceden al ataque terrorista.

Por otra parte, y continuando con las percepciones que estos grupos islamistas radicalizados poseen respecto de la política exterior de las potencias anteriormente mencionadas hacia la región , las mismas no sólo son vistas como intervencionistas y amenazantes de la Umma, sino también como impías. Con la palabra “Impía”, nos referimos no sólo a países que no predican la Fe islámica, sino que además no la respetan e incluso la ofenden.

La doctrina islámica, la cual puede ser parcialmente conocida a partir de la lectura del Libro Sagrado (Corán), manifiesta que el impío no sólo es capaz de ser excomulgado de la Umma, sino que también puede llegar a ser condenado a muerte.

Teniendo presente esto último, recordemos el ataque terrorista islámico a la revista satírica Charlie Hebdo en 2015. Meses previos al ataque, la revista lanzó un número en donde caricaturizó a la figura del profeta Mahoma. En este contexto, el Papa Francisco emitió un comunicado en donde manifestó que si bien condenaba los actos terroristas llevados a cabo, no debía bajo ningún tipo de circunstancia ofenderse la Fe ajena.

Otra fundamentación ideológico-religiosa indispensable para comprender el terrorismo internacional islámico se centra en el concepto de Tarwhid. El mismo, hace referencia a la integralidad de las distintas esferas de la vida: cultura, religión, ideología, política, etc. En esta visión integral de la vida; de congruencia de diferentes esferas, la religión es el eje articulador de todas las demás.

Sin embargo, y aquí radica una cuestión de especial importancia para comprender lo que estamos analizando,  se entiende a la religión en unión directa con la esfera política. Para el Islam, la política y la religión van unidas. La política es entendida como un elemento inseparable de la Fe islámica (idea de Califato). No se conciben de manera separadas ambas esferas. Cada una de ellas se comprende en función de la otra.  La figura de Mahoma nos proporciona un ejemplo claro en el cual se manifiesta esta unión, al ser no sólo una autoridad religiosa (figura del profeta), sino también un jefe político.

Es en esto último en donde se sitúa uno de los gérmenes de la creación del Estado Islámico hacia principios del siglo XXI. El mismo, surge en respuesta a una necesidad de reunificar la política y la religión (establecimiento de un nuevo califato y su califa Abu Bakr Al-Baghdadi), así como también las demás esferas de la comunidad islámica, con el objetivo último de alcanzar la integralidad o Tarwhid.

     Teniendo presente lo anteriormente desarrollado, destacamos que si bien el terrorismo internacional islámico se encuentra íntimamente ligado a la cuestión religiosa, es necesario aclarar que el mismo representa una opción esencialmente política que busca, a partir de la generación de terror, compensar asimetrías de poder y erosionar la voluntad de combate que poseen las potencias intervencionistas ya mencionadas.

En conclusión, vemos como las prácticas terroristas (y el discurso) de los grupos radicalizados que se identifican con el movimiento islamista, pueden ser comprendidos en función de una particular lectura que los mismos realizan de las bases ideológico- religiosas islámicas, así como también a partir del comportamiento internacional del resto de los países del globo en lo que respecta a su política exterior hacia el mundo islámico.

[1] De aquí el término “jihadista” o “Jihadismo” para referirse a aquella rama más radicalizada y extrema del movimiento islamista.

 

Por Bernardo J. Dall ` Ongaro

Lic. Relaciones Internacionales (USAL, Argentina)