Ahumadero y Restaurante “Familia Weiss” (Bariloche, Argentina)

Una costumbre muy patagonica
La Argentina tiene muchísimas historias de inmigrantes que lograron grandes cosas
y la historia del Ahumadero Familia Weiss es digna de contarse porque desde sus comienzos es sinónimo de calidad, prestigio y tradición.

 

Don Ernesto Weiss es un austriaco nacido en el año 1927. Un hombre que atesora historias y anécdotas, y que debió dejar su Europa natal a mitad del siglo pasado huyendo de lo que se decía sería la Tercer Guerra Mundial. Fue así como, junto a sus padres, llegó a la Argentina el 18 de octubre de 1950. Comenzaron a trabajar en gastronomía y Ernesto se nacionalizó como argentino a los dos años.

 

En 1951 falleció su madre y en 1953 se casó con Silvia, de cuyo matrimonio nació su primer hijo, Eduardo, en 1955. Luego vendrían Roxana y Leandro. En 1956 viajaron a Bariloche, en plan de vacaciones. “Me deslumbraron el lago Nahuel Huapi y las montañas nevadas. Decidí que nos mudaríamos al sur”, afirma. No obstante, trabajó durante varios años en Buenos Aires para reunir algunos pesos con los cuales comenzar una nueva vida en la Patagonia. En 1961 se trasladaron definitivamente a Bariloche trayendo consigo una pequeña familia, pocas pertenencias, muchos sueños y proyectos, y sabiendo hablar 5 idiomas. Hoy a la distancia recuerda que eso le abrió las puertas a sus primeros empleos y que le permitió desempeñarse con soltura trabajando en hoteles. En 1963 adquirieron la propiedad del doctor Serigós en la península San Pedro, un paraje separado por unos 20 kilómetros del centro de la ciudad. En marzo de ese año falleció su padre y en julio, su esposa.

 

Comenzó a cuidar varios chalés en la zona del Llao Llao. Asimismo, trabajó en el Hotel El Casco y Tres Reyes. Se trabajaba mayoritariamente durante el verano y muchos turistas se dedicaban a la pesca. “Mi experiencia gastronómica me llevó a recordar la forma en que mi abuelo ahumaba las carnes salvajes en Austria y comencé a practicar con algunas truchas. Al poco tiempo me convertí en un experto”, relata. Ese conocimiento de la técnica familiar le permitió probar con otros alimentos, como quesos y otras carnes. Entonces funda su propio ahumadero.

 

Un 24 de diciembre, para el cumpleaños de Ruth von Ellrichshausen, dueña de El Casco, Ernesto Weiss le obsequió una trucha grande, ahumada. Resultó ser el mejor regalo y la Baronesa no solamente lo compartió con sus invitados durante el banquete de Navidad sino que encargó a Weiss que le entregara nuevos productos para que fueran servidos en el menú del restaurante del Hotel, cuya gastronomía era ponderada por todos los huéspedes. De esta manera amplió su pequeño ahumadero, que inicialmente tenía lugar para sólo dos truchas. Optó por el sistema de ahumado escocés, en frío, y desechó el método en caliente. “Le da un mejor sabor a los productos”, afirma.

 

Don Ernesto Weiss cuenta que en sus comienzos al frente del Ahumadero Weiss cada ahumada era de 5 kilos y ahora cada colgada es de una tonelada.”, relata claramente orgulloso. Y es que la estrella de los ahumados es el Salmón. Plato imprescindible como entrada o plato principal e560210_438663726289303_5105984148031394093_nn las mesas de los más exigentes. Puede servirse cortado en láminas casi transparentes, con unas gotas de limón y acompañado con pan negro untado con manteca, con aderezo de huevo duro, alcaparras o perejil, todo ello finamente picado.

La historia del ahumado es antiquísima, tan antigua como la historia del hombre mismo.
Tan antigua como el descubrimiento del fuego para cocinar los alimentos y calentarse.

 

La historia del ahumado tiene consigo incalculables pruebas, fracasos y éxitos hasta dar con la fórmula y el método adecuado para conservar los alimentos. Es que desde que el hombre comenzó a cazar y cultivar sus alimentos descubrió como éstos se echaban a perder con facilidad y muy rápidamente cuando no se los conservaba de la manera correcta. Ahí entra en juego la habilidad y el ingenio del hombre puesto a disposición de la propia supervivencia. Así es como se desarrollan técnicas para secar y curar las carnes, y para producir conservas como los escabeches.

 

Dado que el hombre observó que las carnes expuestas al humo se conservan por más tiempo, el ahumado se transformó en su aliado para evitar las hambrunas en épocas de escasez, así como también le sirvió para organizar grandes expediciones colonizadoras y llevar consigo los alimentos necesarios. Pero con ellos no sólo dispuso de una forma importante para preservar los alimentos que no consumía inmediatamente sino que también le dio acceso a nuevos sabores y aromas que contribuyeron al desarrollo de su paladar.

 

El ahumadero más antiguo del que se tenga registro tiene 2000 años y se encuentra emplazado en la frontera actual entre Rusia y Polonia.

 

En la actualidad y gracias al desarrollo de diferentes técnicas de ahumado, se ha logrado una industria que nos deleita con sus aromas y nos proporciona grandes placeres.

 

Ya los ahumados dejaron de ser productos alimenticios fruto de la necesidad del hombre por conservarlos, sino que se han convertido en auténticas exquisiteces, valoradas por el sabor original y la calidad de sus piezas, sean éstas carnes o pescados, y por los complementos que les aportan los humos de selectas maderas como: el roble, el ciprés y los frutales.

 

Al poco tiempo se casó con su segunda esposa – Betty – con quien tuvo tres hijos más: Alejandro, Karina y Viviana. Su hijo mayor, Eduardo, viajó a Europa a estudiar y trabajar. Allí se especializó en todo lo que tiene que ver con la elaboración y envasado de productos ahumados, en Alemania. Regresó a Bariloche y a partir de la década del ’80 se hizo cargo de la planta de ahumados en la península San Pedro. Leandro regresó en 1982 y también se acopló al proyecto familiar, pero en el rubro gastronómico. Alquilaron un local en la calle Palacios, donde abrió el Restaurante Familia Weiss, cuya especialidad – obviamente – fueron los productos ahumados.

 

Hoy la marca Weiss es sinónimo de calidad, prestigio, precio y tradición. Un sueño que en manos de Don Ernesto y Betty se transformó en una pujante empresa familiar, que une y reúne a sus descendientes para continuar con su valioso legado.

 

Este hombre visionario y emprendedor no sólo fundó el Ahumadero que lleva su nombre, sino que abrió su propio restaurante donde el público, aún hoy, puede probar sus exquisitos y más delicados sabores en productos ahumados.

 

La marca ganó prestigio por su calidad y atención, y tanto que luego llegó un local de venta al público, se expandió la fábrica y comenzó la comercialización fuera de la ciudad. En la actualidad los productos ahumados Familia Weiss se comercializan en supermercados de otras provincias e incluso en Brasil.

 

Sin dudas Don Ernesto Weiss tiene motivos para sentirse orgulloso; no sólo su emprendimiento ha sido y es un éxito, sino que comenta: “sinceramente, mi mayor logro como padre es tener a toda la familia unida alrededor del trabajo”.

 

Esta es la historia de un hombre que, como tantos otros, llegó al país con muchas esperanzas, sueños y anhelos de prosperidad, que con empeño y esfuerzo fundó una empresa que es un clásico en Bariloche y formó una gran familia arraigada al sur. Y para concluir remata con una frase que define su vida y lo que significa la marca Weiss: “si hubiera sabido que mis hijos iban a ser así, hubiera tenido diez en vez de seis”.

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En la década del noventa, la familia se consolidó y los hijos se hicieron cargo de las diferentes actividades productivas de la empresa. Los dos mayores, Eduardo y Roxana, tienen a su cargo el ahumadero y la fábrica de envasados, construida en el barrio Ñireco. Leandro y Alejandro emplazaron un nuevo restaurante, en la esquina de O’Connor y Palacios, de dos plantas, con capacidad para 300 cubiertos. Las dos hermanas más chicas, Karina y Viviana, se encargan de la comercialización de los productos y administran un local de ventas propio en la calle Mitre. Karina ya ideó artículos con su nombre, productos envasados con especias, hongos, escabeches y otras especialidades. También comercializan productos gastronómicos de terceros para la cocina gourmet.

 

RESTAURANTE FAMILIA WEISS

El Restaurante Familia Weiss posee una estética muy característica de la zona, con estructura en madera y piedra. Es un edificio de dos plantas desde donde se puede disfrutar del paisaje que ofrece la costanera de la ciudad de San Carlos de Bariloche.

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Su gastronomía realza los exquisitos sabores de la región, en una variada picada de ahumados y delikatessen con jamones y quesos caseros de calidad artesanal; donde también se puede degustar un exquisito plato regional, especialmente elaborado para su deleite. En su carta se incluyen platos tan típicos como el Ciervo a la cazadora, Fondue de quesos, pastas caseras rellenas con Salmón Ahumado, Pescados frescos, Jabalí con salsa de frambuesa; entre otras 25 opciones de platos regionales.

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En cuanto a bebidas, el este Restaurante cuenta con una extensa carta de vinos. Y si lo que gusta es beber una cerveza casera, típicamente Austríaca, Familia Weiss dentro de sus tres variedades: Rubia, Negra o Roja lo acerca a los mejores sabores.

Lo invitamos a conocer este reconocido lugar, que ya es un clásico a la hora de disfrutar la cocina de la región.

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Si desea información sobre nuestros servicios contáctenos enviando un correo a: weiss@bariloche.com.ar

Puede consultarnos sobre: reservas especiales; cotizaciones para eventos empresariales; cumpleaños; casamientos y banquetes de lujo.

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Contacto:

Vce. Atte O´ Connor y Palacios (esquina frente a la Catedral)

Tel: +54 294 443-5874

http://ahumaderoweiss.com/