Benito Quinquela Martín (Argentina)

Benito Quinquela Martín (Buenos Aires, 1 de marzo de 1890- ibídem, 28 de enero de 1977), cuyo nombre de nacimiento fue Benito Juan Martín, fue un pintor argentino. Hijo de una madre desconocida que lo abandonó en la Casa de Niños Expósitos, siete años después fue adoptado por la familia Chinchella, dueños de una carbonería.

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Quinquela Martín es considerado el pintor de puertos y es uno de los pintores más populares del país. Sus pinturas portuarias muestran la actividad, vigor y rudeza de la vida diaria en la portuaria La Boca. Le tocó trabajar de niño cargando bolsas de carbón y dichas experiencias influenciaron la visión artística de sus obras.

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Exhibió sus obras en varias exposiciones realizadas en el país y en el extranjero, logró vender varias de sus creaciones y otras tantas las donó. Con el beneficio económico obtenido por estas ventas realizó varias obras solidarias en su barrio, entre ellas una escuela-museo conocida como Escuela Pedro de Mendoza.

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No tuvo una educación formal en artes sino que fue autodidacta, lo que ocasionó que la crítica no fuera siempre positiva. Usó como principal instrumento de trabajo la espátula en lugar del tradicional pincel.

En 1950 un grupo de vecinos, entre los que se encontraba el pintor boquense Benito Quinquela Martín, decidieron recuperar una vía de tren abandonada. En 1959, a iniciativa de Quinquela Martín, el gobierno municipal construyó allí una calle museo, con el nombre que le había puesto el tango, “Caminito”.

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Un buen día se me ocurrió convertir ese potrero en una calle alegre. Logré que fueran pintadas con colores todas las casas de material o de madera y zinc que lindan por sus fondos con ese estrecho caminito (…) Y el viejo potrero, fue una alegre y hermosa calle, con el nombre de la hermosa canción y en ella se instaló un verdadero Museo de Arte, en el que se pueden admirar las obras de afamados artistas, donadas por sus autores generosamente.

Benito Quinquela Martin.

Benito Quinquela Martín. Día de sol

 

El barrio de La Boca en donde Quinquela se inspiró era un barrio de depósitos, astilleros y construcciones portuarias, casas de chapa y zinc. El barrio era pobre, teñido de grises que era poco parecido a lo que Quinquela dejó. Sus ojos podían ver más allá de lo evidente, podía ver la herencia cultural de cada espacio.

La dependencia sentimental que lo unía al barrio provocó que se lo acusara de monotemático, de ser incapaz de pintar otra cosa pero él se sentía orgulloso de esta característica suya. En una oportunidad le pidieron que pintara un mural en Santiago del Estero el argumento para no hacerlo fue simple:” De la fusión entre el individuo y el ambiente surge lo que se llama el color local. Santiago del Estero brinda abundante material artístico para los pintores pero yo no me animo a pintarlo. El pintor que lo pinte tendrá que ser santiagueño. El color local requiere un artista local. Y mi color local está en Vuelta de Rocha”. Ofrecimientos como éste, rechazó en cantidad a lo largo de su carrera.

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Enrique Horacio Gené escribió una extensa obra titulada Quinquela Martín, al análisis de la pintura quinqueliana en relación con su vida, respecto de la relación entre el artista y el medio escribe:

“…creemos válido señalar desde nuestra visión que si Quinquela se establece en La Boca, no sólo habitando en ella sino desde el punto de vista de la inspiración, y se declara incapaz de encontrar motivos fuera de ella, es porque permanece en esa incertidumbre inicial, hecha de su propia necesidad de decir el deslumbre que le produce sentirse capaz de vivenciar su mundo y hacerlo trascendente. […] Quinquela, cuya personalidad plástica se desbordó con el tiempo sobre La Boca en verdadero mecanismo de absorción y modificación del entorno, le debe sin embargo su paleta, la de la etapa más conocida de su obra, al color mismo del barrio. Quinquela y La Boca se interpenetraron hasta ser uno mismo”

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