Elecciones en Brasil, sin sorpresas aparentes

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Quedan pocas semanas para que se determine quién gobernará el País más grande de Latinoamérica. Ha sido una campaña electoral atípica y cambiante para cada uno de los candidatos a la presidencia. Las mediciones de opinión pública, cómo es habitual, mostraron las variaciones correspondientes a los hechos más marcantes en su momento, cómo por ejemplo el Mundial de fútbol, la muerte del candidato del PSB Eduardo Campos y el caso de corrupción de Petrobras conocido como operación “Lava-Jato”.

Al inicio de la campaña electoral, Aecio Neves del PSDB mantenía serias chances de obtener la victoria en un segundo turno hipotético, en alianza con Campos y Marina Silva, como coalición de Gobierno. Pero luego este escenario fue descartado, cuando el candidato del PSB muere en un confuso accidente aéreo; es en este momento donde Marina Silva es elegida para encabezar la fórmula del PSB-REDE y la posibilidad de que gane en segundo turno es muy factible contra la actual presidenta.

El punto de inflexión mencionado anteriormente, puso en alerta al PT y su coalición de partidos aliados, que veían la derrota cómo algo posible. Los aparatos y los marketineros políticos, le imprimieron una agresividad pocas veces vista en las elecciones Brasileñas para derrumbar la buena imagen de Marina Silva, desde agravios personales, al señalamiento de errores y contradicciones, caracterizaron la campaña del PT últimamente y parece que dio resultado.

Las declaraciones de Silva en contra del matrimonio homosexual, le hizo perder un caudal importante de votos posible de personas que no simpatizan con el gobierno actual; cómo también sus menciones económicas demasiado neoliberales y el rasgo evangélico presente en tus propuestas, aunque no lo menciona directamente por consejo de sus asesores, se sabe de la importancia de la religión para esta candidata y su base de apoyo. El oficialismo fue rápido para capitalizar estos hechos y subir en las encuestas sobre el final de la campaña, posicionándose muy bien para la segunda vuelta electoral.

Desde hace tiempo en los pasillos del Congreso Nacional, los operadores políticos y legisladores, afirman un acuerdo entre el PSDB y el PSB-REDE para la segunda vuelta, apoyando al candidato que entre en la competición contra Dilma Rousseff (su piso electoral de 34% le garantiza su participación en la siguiente y definitiva instancia). El acuerdo incluye un co-gobierno en el futuro con distribución de Ministerios y cargos, cómo es normal en el Brasil. Por otro lado el PMDB, partido clave en la gobernabilidad y aliado del PT, juega a dos puntas en algunos Estados como Rio de Janeiro y San Pablo, apoyando indistintamente a Dilma como a la oposición. Este partido quiere estar en el Poder siempre, y le importa poco aliarse con alguien de izquierda o de derecha, el objetivo es sobrevivir en el poder y vivir de sus beneficios.

Pero hasta dónde pueden ser importantes estas alianzas de poder al momento del voto de cada Brasileño?

Recordemos que el sistema electoral del Brasil, usa el voto electrónico y no existe tradición de militancia política fuerte por un Partido Político, como sucede en otros Países de la región, por lo tanto los votantes son suficientemente independientes cómo para elegir al candidato que mejor les parece en cada segmento de la elección. Al no existir las “boletas en papel” el arrastre de votos por un candidato de otro orden, es nulo, lo que convierte a las alianzas políticas, en acuerdos de Gobernabilidad y repartos de cargos a futuro que en caudales de votos.

En definitiva creo que las dudas de lo que sería un Gobierno de Marina Silva junto al apoyo del PSDB, generan demasiada incertidumbre para el votante común, que no tiene afinidad política por ningún partido. Si bien el País no está en su mejor momento, existe inflación, desempleo y los índices macroeconómicos de producción y consumo han caído, los votantes saben lo que pueden esperar del gobierno actual, y este hecho va a ser fundamental para la decisión final en el segundo turno electoral.

Como en gran parte de las elecciones del Mundo, es poco probable que un oficialismo pierda una elección sin una gran crisis de por medio, en general el votante es conservador y prefiere lo conocido a lo bueno o malo por conocer.

Los casos de corrupción no han dañado en demasía al Gobierno porque está aceptado, lamentablemente, que la clase política es corrupta y por lo tanto, el que esté en el poder de turno hará lo mismo. Han existido casos de políticos implicados en casos de malversación de fondos o coimas, de todos los Partidos Políticos, además luego de la condena mediática y el circo armado, las penas son ridículas, siendo excarcelables al poco tiempo. Inclusive con numerosas pruebas, nunca son condenados penalmente. Entonces es difícil para el votante escoger un candidato u otro por su “honestidad” aparente, más bien la decisión se basa en otros parámetros.

Siguiendo esta lógica del votante común, independiente y aún indeciso, considero factible que se inclinen por Dilma al final y le den otros 4 años para continuar con el proyecto iniciado por Lula Da Silva y su “Partido dos Trabalhadores”. Pero además, en estas elecciones, también se eligen Gobernadores, Senadores y Diputados, todo indica que en los principales Estados, el oficialismo local, ganaría las elecciones en primera o segunda vuelta, y que los Senadores y Diputados que ponen en juego su banca, renovarán sus escaños por un mandato más.