Mario Molina, Premio Nobel de Química (México)

mario molinaJosé Mario Molina Pasquel y Henríquez (n. Ciudad de México, 19 de marzo de 1943) es un ingeniero químico mexicano destacado por ser uno de los descubridores de las causas del agujero de ozono antártico. Fue co-receptor junto con Paul J. Crutzen y F. Sherwood Rowland del Premio Nobel de Química de 1995 por su papel para la dilucidación de la amenaza a la capa de ozono de la Tierra por parte de los gases clorofluorocarbonos (CFC), convirtiéndose en el primer ciudadano mexicano en recibir el Premio Nobel de Química. Así mismo, sus investigaciones y publicaciones sobre el tema condujeron al Protocolo de Montreal de las Naciones Unidas4 , el primer tratado internacional que ha enfrentado con efectividad un problema ambiental de escala global y de origen antropogénico. Ya se le reconoce como Un mexicano universal. Cursó la escuela primaria en la Ciudad de México, y a la edad de once años —continuando la tradición familiar— sus padres lo enviaron a estudiar a Suiza.

En 1960 ingresó a la Facultad de Química de la UNAM para estudiar ingeniería química. En 1965, después de graduarse, prosiguió sus estudios de posgrado en la Universidad de Friburgo en Alemania, donde pasó casi dos años investigando en cinética de polimerizaciones. Entre 1967 y 1968, pasó algunos meses en París y en la Ciudad de México. En 1968 ingresó al programa de doctorado en fisicoquímica de la Universidad de Berkeley (California).

En Berkeley se incorporó al grupo de investigación del profesor George C. Pimentel. Molina obtuvo el doctorado en 1972 y permaneció un año más en Berkeley, antes de convertirse, en 1973, en investigador asociado en la Universidad de California, Irvine, junto con el Profesor F. Sherwood Rowland. Molina fue nombrado miembro del profesorado de Irvine en 1975, liderando sus propias investigaciones a partir de entonces. Después de siete años en Irvine, Molina decidió explorar la vida profesional extraacadémica y se unió al Jet Propulsion Laboratory, en el grupo de Física y Química molecular. Molina volvió a la academia en 1989, al incorporarse al Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) como Profesor, y adquirió ciudadanía estadounidense. Desde 2005 es profesor de la Universidad de California en San Diego.

Es miembro de El Colegio Nacional (México)6 y es un miembro notable de la Academia Pontificia de las Ciencias. Fue electo asesor del equipo de transición del presidente estadounidense Barack Obama para cuestiones del medio ambiente en noviembre del 2008.7 Desde abril de 2011 es uno de los 21 científicos que forman parte del Consejo de Asesores de Ciencia y Tecnología del Presidente Barack Obama (PCAST).

Molina es Presidente de Honor de la Asociación Mares de México, constituida en el año 2009 y dedicada a la conservación de los mares. Actualmente el Dr. Mario Molina preside el Centro Mario Molina10 para Estudios Estratégicos sobre Energía y Medio Ambiente.

El punto culminante de su trayectoria de trabajo y perseverancia en pro de su preocupación por un problema que afecta a todo el planeta llegó el 11 de octubre de 1995. Mario Molina recibió junto con Sherwood Rowland el Premio Nobel de Química por ser los pioneros en establecer la relación entre el agujero de ozono y los compuestos de cloro y bromuro en la estratosfera. El galardón también se concedió al holandés Crutzen, del Instituto Max-Planck de Química de Mainz (Alemania), quien halló en 1970 que los gases contaminantes tienen un efecto destructor en esa capa, sin descomponerse. El 4 de diciembre de 1995, Molina, Rowland y Crutzen fueron premiados además por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) por su contribución a la protección de la capa de ozono.

Molina posee también los premios Tyler (1983) y Essekeb (1987) que concede la American Chemical Society, el Newcomb-Cleveland de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia (1987) por un artículo publicado en la revista Science que explicaba sus trabajos sobre la química del agujero de ozono en la Antártida y la medalla de la National Aeronautics and Space Administration (NASA) (1989) en reconocimiento a sus logros científicos. Mario Molina ha señalado en alguna ocasión que cuando eligió el proyecto de investigar el destino de los CFCs en la atmósfera lo hizo simplemente por curiosidad científica. No consideró las consecuencias que conllevarían sus estudios, pero cuando se dio cuenta de la envergadura de su descubrimiento se sintió sobrecogido, porque su aporte no sólo ha contribuido a la comprensión de la química atmosférica, sino que además ha supuesto un profundo impacto en la conciencia ecológica de todo el mundo. Actualmente es un activista en política de la ciencia.