Honduras busca un destino en medio del multipartidismo

Honduras
Por Fernando A. Dopazo.
Director PENSARES América Central.
El último domingo de noviembre, cinco millones y medio de hondureños tendrán la posibilidad de dirigirse a las urnas para elegir un nuevo Presidente de la República, 128 Diputados del Congreso Nacional y 256 Alcaldes municipales. Estos comicios, estarán marcados por varios elementos que obligarán a seguir con cierto detenimiento la evolución de los escenarios pre-electorales, así como algunas de las previsibles consecuencias que tendrán los resultados.
El proceso electoral que se avecina, será con 9 partidos políticos en competencia, el de mayor competencia partidaria en la historia del país. A los centenarios Partido Nacional (PN) y Liberal (PL), no sólo se le sumarán las terceras fuerzas tradicionales como el Demócrata Cristiano (PDC), Innovación y Unidad-Social Demócrata (PINU) y Unificación Democrática (UD), sino también Libertad y Refundación (LIBRE), el Partido Anticorrupción (PAC), la Alianza Patriótica Hondureña (APH) y el Frente Amplio Político en Resistencia (FAPER), todos ellos creados durante el año 2011. A falta de definir las candidaturas presidenciales de los partidos pequeños, ya se encuentran sobre la mesa, las que a priori, serán las candidaturas presidenciales que concitarán la mayor cantidad de apoyos.
El Partido Nacional, actualmente en el gobierno que preside Porfirio Lobo Sosa, llevará como candidato presidencial a Juan Orlando Hernández, delfín del titular del ejecutivo, actual Presidente del Congreso Nacional, y flamante Presidente de su partido. De la mano de ambos dirigentes, este partido, históricamente conservador, ha comenzado un giro hacia lo que han denominado el humanismo cristiano, intentando ubicarse en una posición de pivote del sistema político hondureño. Algo de esa intención, ha sido puesta de manifiesto a lo largo de este mandato presidencial en el marco del denominado “Gobierno de Unidad y Reconstrucción Nacional”, en el cual han estado incorporado en los más altos niveles los cinco partidos tradicionales del país; repitiendo una situación similar en los cargos de conducción del Congreso Nacional. Asimismo, la gestión gubernamental, avalada por una amplia mayoría legislativa (71 de los 128 diputados pertenecen al Partido Nacional), ha conseguido algunos objetivos que favorecerían el posicional del titular del cuerpo legislativo: la pacificación del país tras los acontecimientos de junio de 2009 y la reinserción de Honduras en el sistema regional internacional; así como, la puesta en marcha del programa Bono 10 Mil, han tenido repercusiones positivas entre la ciudadanía. Sin embargo, los altísimos niveles de inseguridad (Honduras tiene la tasa de homicidios por 100 mil habitantes más alta del mundo), una amplia mayoría de la población sin empleo y por debajo de la línea de la pobreza, niveles de endeudamiento externo que han puesto al país en los niveles previos a la condonación de la deuda, diferentes sospechas de corrupción en actos gubernamentales, y los temores de sectores relevantes del establishment local hacia cierta tentación populista y concentradora de poder del candidato oficialista son elementos que hoy impiden la consolidación de esta candidatura presidencial, y garantizar, lo que a los ojos de una amplia mayoría de nacionalistas, es su mayor desafío: conseguir dos mandatos presidenciales consecutivos, algo que desde la redemocratización del país en los años ’80, sólo ha logrado el Partido Liberal.
Este último, por su parte, será encabezado en su intención de recuperar la Casa Presidencial, por el abogado Mauricio Villeda. Su candidatura ha estado sostenida por los sectores más conservadores del Partido Liberal, encabezados por Roberto Micheletti (quién ejerció el poder tras la salida de Mel Zelaya), y a pesar de haberse impuesto en las elecciones internas, aún no termina de confirmar su liderazgo al interior de este instituto político. De hecho, a casi cinco meses del proceso electoral interno, aún su principal contendiente interno no ha dado ningún gesto de apoyar la candidatura de éste. Asimismo, la falta de carisma, las posiciones políticas conservadores o el silencio en los temas de la agenda pública y la ausencia de una estrategia clara generan una fuerte sensación de debilidad.
Libre, la formación política creada bajo el liderazgo de Mel Zelaya, en la que se agrupan un amplio sector proveniente del liberalismo, grupos provenientes de los movimientos sociales urbanos y movimientos campesinos, así como diferentes grupos de izquierda, consensuó entre todos sus movimientos internos la candidatura presidencial de Xiomara Castro de Zelaya, ex primera dama. Las consecuencias de los acontecimientos de junio de 2009, así como una situación del país peor en relación a aquel momento, han contribuido a un rápido posicionamiento de esta fuerza política. De hecho, en la actualidad, la gran mayoría de los estudios de opinión pública confiables la sitúan en el primer o segundo lugar de las preferencias ciudadanas. Sin embargo, el mayor desafío será, por un lado, la estructuración e institucionalización de una alternativa política, más allá del apellido Zelaya, en particular a nivel de alcaldes y diputados; y por el otro, superar los temores que generan algunos sectores radicales de este partido, en la que no deja de ser una de las sociedades más conservadoras del continente.
Sobre ese conservadurismo, es que pretende montarse la nueva Alianza Patriótica, encabezada por el General (R) Romeo Vázquez Velázquez, quien fuese el Jefe de Estado Mayor de las FFAA, al momento del golpe de Estado al ejecutivo (como denominase la Comisión de la Verdad y la Reconciliación a la situación de 2009), y hasta hace pocos meses Gerente General de Hondutel, la empresa nacional de telefonía (en el marco de los acuerdos del mencionado Gobierno de Unidad Nacional). Las expectativas de esta fuerza política están en canalizar la mayor parte del voto de derechas reactivo a la posibilidad de que Libre llegue al poder, en particular aquel de los dos partidos mayoritarios.
También, desde la antipolítica, surge el Partido Anticorrupción, encabezado por el presentador televisivo Salvador Nasralla. Desde hace poco más de dos años, este comentarista deportivo, con más de 30 años de exitosa carrera televisiva aprovecha cada transmisión para criticar el bipartidismo tradicional y fustigar la actual gestión de gobierno. Sin embargo, más allá de su alto nivel de conocimiento y una considerable intención de voto, las dudas están puestas en la capacidad de articular una estructura territorial que pueda fiscalizar el día de la elección, principalmente en las zonas rurales, donde suelen existir focos clientelares de alguno de los dos partidos históricos.
Este es el escenario preelectoral a poco menos de 9 meses de la elección. Sin embargo, y aún a falta de definir las candidaturas presidenciales de las fuerzas menores, se comienzan a abrir otros interrogantes. En primer lugar, el desafío de una clase política de garantizar ciertos niveles de gobernabilidad, cuando todo indica que a diferencia del pasado se encontrará, a quien le toque ganar la elección, con un Congreso Nacional altamente fragmentado en el que ningún partido tendrá la mayoría absoluta. También, cómo hará el próximo gobierno, para superar las situaciones que ponen en riesgo la candidatura oficialista del Partido Nacional: pobreza, desempleo, inseguridad. Y finalmente, un problema que atañe a los países del triángulo norte centroamericano en su conjunto: cómo frenar la penetración del narcotráfico y el crimen organizado en la institucionalidad política y el entramado social.